-Tengo ante
mí una imagen de tu hijo, al menos según me dice la gente que viene a escuchar
un sermón que recita un hombre vestido de blanco. Está en una cruz ¿Por qué?
Sabía que después de mí él seguiría al cadalso. ¿Pero por qué de aquella
manera? Yo solo fui degollado. No puesto ante los buitres pendiendo de los
brazos enclavados por soldados romanos… ¿es así como terminó, Señor?
¿No?
Así comenzó todo esto. La piedra y la sangre,
el oro que da poder y placer, la fastuosidad de la pobreza espiritual, todo
para esto. Ahora vendrá el fin y nadie lo notará. Sólo yo ¿verdad Señor? Lo
haces para reírte de mí…yo que abjuraba que tu ira era temible, que aquel que
espere la recompensa de un mundo mejor debe aguantar el hierro castigando la
piel. Yo que prediqué la muerte del cuerpo por medio del ayuno, el temblor en
los huesos y la persecución. Yo que morí por tu mano, ya que tú escribes el
manuscrito infinito con estrellas. Tu plantaste el primer lucero de la mañana
como muestra del horror que le espera al hombre despertar…y ahora estoy atorado
en este rumbo que no es mi tierra, sin embargo la gente se comporta igual que
en ella. He sobrevivido a base de la carroña que me arrojan, soy una alimaña más
que será pisada.
¿Por qué no
he muerto, Señor?
En la ciudad de Guadalajara, México. Cerca de
la antigua estación de autobuses ronda un hombre por las calles, rara vez es
visto, si uno quiere asegurar este encuentro debe ir a la calle Azucena, Sector
Reforma. Por ahí encontrara un templo con una fachada de ladrillos. Afuera, si
es que está usted de suerte hallará a un vagabundo. Su vestimenta le ayudará a
identificarlo. Una malla cuelga de su cuello, dándole un aspecto menos vil. Usa
de taparrabo un atado de trapos. Igual en sus pies para soportar la tibieza
infernal del asfalto. Trae una Biblia, eso supongo, aunque realmente es un
libro a punto de desaparecer; solo es una pasta sosteniendo unas hojas
carcomidas. Lo he visto infinidad de
veces. Tiene una tranquilidad su espíritu que me ha hecho creer que sólo yo lo
veo. Me ha saludado y siempre ejecuta el acto de levantar el dedo al cielo para
despedirse. Se parece mucho a Juan el bautista que sale en la película sobre
Cristo de Scorsese. Los párrafos anteriores a éste son cosas que me dijo con su
mirada.

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