Hace tiempo que no observaba a un hombre
tan negro. Y sí, he visto afroamericanos. Pero el negro de este hombre no era
normal, en absoluto algo epidérmico. Sino su color se debía a la mugre. Una de
esas clásicas, que ya no se ven, porque el oficio de limpiachimeneas, es simplemente
anacrónico. El pobre desecho humano se hallaba tirado. Disfrutando de sus
alimentos. Ojala fuera yo un grabador de la talla de Posada o de don Cornelio.
Lo veo todavía en mi mente. En el suelo, recargada su espalda contra el muro de
una bodega, intentando no morir en el intento de la vida por aniquilarlo.

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