En las innumerables avenidas de esta
triste ciudad observo con desdén y algunas veces con reflexión clara y objetiva
a las personas que se dedican a extender la mano al generoso público
automovilista. No sé si realmente este
país es muy pobre o demasiado rico. Yo personalmente nunca les doy, raras veces
la piedad coincide con mi economía, casi siempre soy fastuoso para mi personal
gozo. Lo que quiero expresar en este ya alargado y tedioso mensaje es que como
es posible que la gente miserable no termina ya de morirse, ¿Qué fuerza
sobrenatural y perversa los mantiene en esta jaula invisible de desventajas? Si
es verdad lo que algunos locos, la vida que sufrimos es el resultado de una
serie de acciones infinitesimales que ocurren en pequeñísimos mecanismos
ilógicos. La caridad es uno de ellos. Sirve de maneras que pocas personas
conocen, como pueden ver, no soy una de ellas.

JAJAJA EXCELENTE PIE DE PAGINA MI ESTIMADO
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