En
el desierto las fuertes tormentas de arena obligan a maestro y alumno utilizar
una cueva como refugio. En la obscuridad hablar es lo único que les queda. “El
Señor bien aventurará a quien crea en Él y lanzará al lago de fuego aquel que
dude por un momento del reino de los cielos” -dijo el maestro-. ”Maestro,
enséñeme el reino de los cielos”. Escarbándose la nariz el maestro encuentra un
moco clavado en las paredes de sus fosas nasales y se lo muestra a su alumno.
“¿Maestro, es esto el reino que Dios prometió?”. “El señor es caprichoso, pero
está más cerca de la perfección que tú y yo. Por eso ha encargado al hombre
hablar de su obra y de su palabra”. El alumno, con cierto pesar bajó la cabeza
y murmuró: “Temo hacer enojar a Dios”. Para calmarlo el maestro dijo: “Yo
también, por eso creo en Él”. El maestro lanza una larga e interminable
carcajada.
“Dios
talló en la piedra lo
que le dictó el hombre”
Yo
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